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    El día a día y los peligros de un oficio de más de 100 años en España, el de detective privado

    detectives cabanach en palma de mallorca baleares ibizaUn cartero hace su ruta. Deja una carta en un edificio y prosigue su camino. No sabe que ese cotidiano movimiento ha sido observado por alguien, ni que ese sobre podrá cambiar la vida de su destinatario. Si al día siguiente el papel desaparece de ese rincón, significará que el piso está habitado y que el «objetivo» estará más cerca de ser descubierto. Toda investigación necesita insignificantes detalles.

    «Este juego hace que la vida sea como una partida de ajedrez», así define JR Bailly Bailliere –nombre ficticio– su trabajo diario como detective privado. Desconfiado por naturaleza y con un estilo surfero, se entremezcla entre la multitud como cualquier otro ciudadano. Lejos quedó la gabardina, sombrero y corbata de las antiguas películas y ahora su mejor aliado es la mimetización en vez del camuflaje.

    «El maletero de un detective es un cajón de sastre», confiesa. Cualquier tipo de ropa o complemento puede estar dentro de este espacio, desde un uniforme de jardinero hasta ropa deportiva, todo lo que sea necesario para hacerse pasar por las personas que nos rodean a diario. Lo que significa que durante un simple paseo por la Gran Vía de Madrid, por la que discurren cada día unas 30.000 personas, puede que muchas de ellas no sean lo que aparentan ser y estén en plena investigación. «Tienes que ser un poco actor para la mimetización», declara.

    Una psicosis continua con que los propios detectives conviven cada día. De hecho, una de las preguntas más complicadas que alguien puede realizarles es la más sencilla de todas:«¿en qué trabajas?». En ese momento se desata un debate interno en función de la confianza que se tenga con esa persona. «Si quiero desvincularme totalmente digo que me dedico a Producción y Guion de cine que es muy amplio, pero lo ideal es tener otro negocio, el que sea, así ni tus amigos sabrán a qué responden tus maniobras cotidianas». No obstante, no siempre es posible tener dos actividades profesionales por lo que suele responder que tiene «una empresa de recursos de seguridad privada», explica Bailly.

    «Los detectives tienen sus secretos como los magos»

    Observar, investigar e informar son las actividades que debe realizar cualquier detective en cada caso. «Normalmente lo primero que hay que hacer son las vigilancias desde un punto de vista ajeno al escenario, camuflado o mimetizado y posteriormente ahondar en los hechos que ya se han averiguado». A partir de ahí ya comienzan los «ases» de cada uno. «Todos los detectives tienen sus secretos, que como los de los magos, no se pueden desvelar. Entre nosotros ni nos lo contamos». Aun así, de modo general, hay elementos comunes para resolver los casos: ocultación, mimetismo, intuición, perseverancia y valentía.

    La ocultación responde a la vieja escuela pues era «una sociedad más tímida» en la que a los detectives eran reticentes a intervenir en la escena. «Antes creo que funcionaba porque la gente vivía más tranquila, pero ya no», señala. Para él, ocultarse significa convertirse en un «tipo misterioso», lo que conlleva que se despierte el interés de la gente de alrededor y acabe desencadenando que te «pillen» in fraganti. El mimetismo va dar una justificación y va a eliminar ese misterio, explica.

    «La inexperiencia suele generar una situación embarazosa de la que quieres escapar y ese es el error»

    De cualquier modo, levantar sospechas es «relativamente habitual» y lo importante es saber cómo desenvolverse ante esa situación. Hay un protocolo de actuación: sentido común, «reaccionar como alguien lo haría que no fuera detective y aplicarlo al escenario para que así por lo menos se queden con la duda». No obstante, Bailly asegura que no se cumple. «La gente suele salir corriendo, la inexperiencia suele generar una situación embarazosa de la que quieres escapar y ese es el error». «Hay que tener una coartada, un plan B».

    Otra parte esencial de la investigación es la anticipación para adelantarse a los acontecimientos. Para lograrlo, el equipo de detectives debe estar muy coordinado y acordar los puntos exactos en los que se van a posicionar y la acción que van a realizar, unos miméticos y otros ocultos. Y por supuesto, siempre deben estar en contacto para informarse de los movimientos del sujeto.

    Con la crisis aumentaron los casos de fraude

    Los casos han ido evolucionando desde que comenzó a ejercer como detective privado hace 23 años. «Van por etapas, por ejemplo durante una crisis, yo he vivido dos, el fraude aumenta», comenta. Ahora tiene casos de fraudes de seguros, de propiedad industrial, es decir, de traspaso de información industrial de una empresa a otra sin consentimiento de la primera, temas matrimoniales sobre custodias y pensiones, infidelidad y contrastes en redes sociales para encontrar vínculo entre personas para demostrar una confabulación, entre otros.

    Bailly también ha tenido casos de búsqueda de personas en los que asegura que «siempre hay un rastro, esa es la máxima». «He tenido dos casos muy parecidos de buscar a hijos desaparecidos y que al final ellos no querían saber nada de sus padres, pero al menos se quedan con la satisfacción de saber que están bien».

    No obstante, matiza que no todas las investigaciones sobre desaparecidos puede hacerlas un detective porque no pueden investigar delitos perseguibles de oficio y en caso de detectarlo deben comunicárselo a las autoridades gracias al acuerdo de colaboración que poseen a través de la Red Azul. «Alguna vez si he pasado miedo, porque estás detrás de algo aparentemente cotidiano y te das cuenta de que hay reacciones que no son proporcionarles a eso y es que estás metiéndote en temas que a gente con mucho poder no le interesa», comenta. «Lo normal es que los casos sean emocionantes pero no peligrosos».

    Un amplio abanico de temas, con los que cuenta con una serie de colaboradores en todo el mundo para poder resolverlos. De hecho, hay ocasiones en las que debe viajar él mismo a países extranjeros para la investigación y la mayoría de ellos suelen ser por infidelidad o competencia desleal. Aventuras en las que además, debe enfrentarse a distintas costumbres que puede delatarle: «En países como Alemania, nuestra conducción llama mucho la atención».

    Los 23 años de experiencia de Bailly le han permitido vivir escenas inconcebibles para realizar su trabajo como clientes que le citaron en un bar a las once de la noche y al entrar estaba en ropa interior bailando encima de la barra o seguimientos en los que tenía que esquiar en mitad de El Veleta. Aunque uno de las situaciones más complicadas es cuando realmente se descubre que las sospechas del que le ha contratado con ciertas y debe comunicárselo al cliente. Las reacciones pueden ser descontroladas. El detective recuerda en especial una conversación con uno de ellos.

    -Señor, su mujer está con otro hombre en un descampado, creemos que hacen de todos menos hablar

    -¿Cómo se atreve a asegurar semejante humillación?

    -La furgoneta se mueve, los cristales tienen vaho y las manos de su mujer se van apoyadas en la luna trasera

    – Está bien, le creo ¿dónde están?

    -Mañana le detallo la ubicación

    -¿Cómo que mañana? ¡No me la quiere dar ahora para que no cometa ninguna locura!

    -Exacto

    Los «gadgets» de un detective

    Las investigaciones, además de ingenio, requieren de los misteriosos «gadgets» de los detectives. La maleta con un agujero por el que asoma la cámara ya ha quedado anticuada y ahora se recurre a herramientas mucho más sofisticadas que el detective se niega a confesar. «Mostrar los trucos y tecnología que utilizamos no creo que sea muy buena idea, no porque desvelemos nada que la gente no sepa, sino que los detectives realmente profesionales tienen una sofisticación en sus despachos equivalentes a las de un servicio secreto».

    Unas tecnologías que han ido evolucionando, al igual que el resto de la sociedad, de una forma vertiginosa. «La capacidad que tenemos ahora es infinita», confiesa. Estas nuevas herramientas hacen que el oficio sea «más accesible, menos peligroso y más rentable». Los costes económicos que suponían las llamadas telefónicas o el tiempo que se destinaba a ir de un sitio a otro conllevaban unos gastos que hacía difícil la rentabilidad del oficio cuando estabas empezando.

    «Si ves un dron sobrevolando tu piscina ten por seguro que no será un detective»

    En cuanto a las intrigantes tiendas de espionaje que pueden asombrar a cualquier ciudadano, no entran dentro de las listas de los detectives en las que comprar artilugios. «Son un buen recurso a nivel doméstico pero los detectives tenemos otro tipo de proveedores, porque investigar no es un juego». Un inciso en el que hace hincapié para señalar que si se hace un uso más allá de lo particular, sería ilegal. «El detective tiene la obligación de respetar la intimidad, hay información que ni si quiera el cliente tiene el derecho a conocer, pero el vecino curioso o el empresario con ansias de información sobre sus empleados carece de ese freno». «Si ves un dron sobrevolando tu piscina ten por seguro que no será un detective», matiza.

    Un momento crítico para el sector

    En la actualidad, la búsqueda de Google se disparó exponencialmente en mayo y el pasado mes de septiembre. Andalucía, Madrid y Castilla y León son los lugares en donde más se busca este tipo de servicios. Pero no todo son buenas noticias para este gremio que vive momentos convulsos.

    Esta profesión está pendiente de la aprobación del reglamento de la ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada, la que regula y define a este sector. Un paso que supondría según Bailly un impedimento para el ejercicio de sus funciones. «Con esta ley, se nos regulará de una manera extremadamente férrea, por ejemplo, un despacho de detectives tendrá la obligación de dotar a su local de un protocolo de seguridad equivalente a una empresa de seguridad con armamento o una joyería. Confiamos en que recapaciten», comenta preocupado.

    Además, a esta posible nueva situación se une que están viviendo un «momento de muchísimo intrusismo» que pone «en peligro la profesión». Otra de las luchas que mantienen es el precio de las tarifas y están intentando «evitar que compañías grandes, aprovechándose de situaciones desesperadas, obliguen a los detectives a tirar los precios de manera humillante».

    Una iniciativa de la APDPE (Asociación Profesional de Detectives Privados de España) es que los servicios de un detective sean accesibles a personas que no pueden costearlo. «Estamos intentado que el Estado se dé cuenta que en determinados procesos judiciales sería justo, para el ciudadano que no pueda costearse un detective tenga la posibilidad de tener uno de asistencia gratuita».

    En esta misma línea, el sector de los detectives quiere ayudar a combatir los casos de violencia de género y terrorismo. «Estamos construyendo un proyecto de colaboración para ayudar a combatir la violencia de género y prevenir desde la posición observadora del detective en la calle ataques terroristas. No se trata de que nosotros investiguemos, sino de formar a los detectives para saber qué indicios pueden estar relacionados con estos delitos y en caso de que durante una investigación privada ajena a esos delitos los detectásemos, comunicárselo rápidamente los hechos a la Policía».

    Problemas que los detectives privados originarios no tenían y que con el avance de la sociedad y tecnologías deben hacer frente. No todo es tan seductor como lo dibujan en el cine y la literatura. Horarios laborales de hasta 16 horas, intrusismo y mucha paciencia es la realidad de este gremio en el que se requiere mucha vocación. El romanticismo entre callejones oscuros ha dejado paso a los casos de fraude e investigaciones empresariales. Aunque lo cierto es que en ocasiones, Bailly se siente como un personaje ficción cuando está trabajando en determinadas investigaciones: «Caminando por un descampado intentando ocultarme para tomar fotografías de los camiones para saber si cumplen la normativa sobre mercancías peligrosas me siento como Jack Nicholson en Chinatown, un pequeño hombre lleno de polvo descubriendo las picardías de grandes emporios».

    Fuente: ABC

    http://www.abc.es/sociedad/abci-tras-pista-sherlock-holmes-siglo-201710282021_noticia.html#ns_campaign=amp-rrss-inducido&ns_mchannel=abc-es&ns_source=wh&ns_linkname=noticia.foto&ns_fee=0

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