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    Los más veteranos del lugar recordarán los inicios de WhatsApp como esa ‘app’ tremendamente simple que se popularizó porque parecía un sistema de SMS en tiempo real y que funcionaba tirando de internet. Te permitía poco más que mandar y recibir mensajes planos a tus contactos y se basaba en funciones sencillas. Pero los tiempos han cambiado, la competencia ha crecido y ahora WhatsApp es un monstruo con numerosas patas difíciles de controlar.

    Así, de primeras, podrías pensar que al hablar de esas patas nos referimos a su ya más que conocido poder en campañas políticas con ejemplos como el de Brasil o el de Andalucía, o al peligro de los bulos en esta red, pero hay mucho más. Los grupos son uno de los elementos más populares y potentes de la aplicación y ahora se han convertido en el refugio favorito para compartir contenido ilegal.

    De películas de estreno a series en 4K. De aplicaciones pirata a virus, porno (mención aparte merece la pornografía infantil) o cualquier tipo de ‘spam’. Y lo peor, que son chats al alcance de cualquiera.

    Con una simple búsqueda en Google es posible encontrar decenas de webs, y aplicaciones en Google Play (no hemos encontrado ninguna similar en la AppStore de Apple) que funcionan como aglutinadores de enlaces a distintos grupos de WhatsApp dedicados a todo tipo de temáticas. Los hay, obviamente, nada dañinos, grupos de fans de un determinado cantante, de deportes, grupos para “hacer amigos”… Pero también es fácil dar con muchos que, algo más ocultos, ofrecen contenidos piratas o directamente prohibidos.

    Grupos sin control

    Aunque algunas de estas páginas y ‘apps’ aglutinadoras (la mayoría de las que encuentras en español son de origen latinoamericano) aseguran que luchan sin descanso contra estos contenidos, desde Teknautas nos hemos conseguido colar en hasta 3 grupos con centenares de usuarios (uno de ellos llegaba al límite de 257 contactos y los otros dos superaban los 120) en los que de una forma más o menos continuada y ordenada se pasan nuevas películas como ‘Venom’ o ‘La Monja’ directamente en formato MP4. Sin ningún tipo de ocultación.

    Para entrar en ellos no tuvimos que pasar ningún filtro, solo necesitamos el link de acceso, y en dos de ellos vimos cómo se compartían, además de películas, enlaces y archivos peligrosos en diferentes idiomas. No pudimos confirmar la existencia de pornografía, como sí hicieron otros investigadores, pero en la semana que pasamos en estos grupos sí dimos con enlaces a lo que parecía contenidos relacionados con pedofilia, como se muestra a continuación. Y es que incluso en las webs que listan todos los enlaces, el porno y el ‘cp’ (como se conoce a los vídeos de pornografía infantil) están de lo más presentes, aunque sea avisando de que en este grupo no se permiten esos vídeos.

    En cuanto al control sobre los espacios, hay diferencias entre conversaciones. Dos de los chats grupales cuentan con sus propias reglas, y con administradores que dedican su día a día a controlar que nadie se pase de la raya y cortar por lo sano cualquier exageración. Pero en el otro las normas brillan por su ausencia. El único manejado por un usuario con número de teléfono español es un gran caos en el que los números aparecen y desaparecen, se cuelgan enlaces extraños y lo de las películas y las series son poco más que una excusa.

    Pese a la vigilancia, en todos entra y sale gente continuamente. La facilidad que ofrece la inclusión por enlace directo hace que sean muy atractivos hasta para los ‘hackers’. Al final, cualquiera puede aprovechar estos lugares para hacerse con miles de números activos (y con la información que viene con ellos como el ‘nick’ o la foto) solo con una cuenta de WhatsApp y en apenas unos minutos. Y no solo eso, sino que el servicio permite lanzar todo tipo de links y contenidos peligrosos sin que nadie lo detecte, pues el encriptado oculta la actividad en estos chats a los gestores de la ‘app’.

    Pero, ¿WhatsApp está haciendo algo para solucionar estos problemas? Desde la compañía, preguntados por ‘The Financial Times‘ (desde Teknautas nos hemos puesto en contacto con la plataforma pero aún no hemos recibido respuesta), aseguran que, a pesar de la protección que ofrece el cifrado en estos grupos, ellos rastrean las fotos de perfil y la información general para encontrar posibles grupos sospechosos. Pero ninguno de los que hemos visitado escondía las referencias cinematográficas en el titulo y la foto del grupo, ni hacía especial hincapié en intentar ocultar que ahí se compartía contenido ilegal. Todos ellos siguen abiertos en estos momentos y con decenas de películas colgadas en su historial.

    El coste de ganar a Telegram

    Quizá te sorprenda ver este lado más oscuro de WhatsApp, pero lo cierto es que no es ni mucho menos la primera aplicación de mensajería que se usa con fines similares. En el pasado, espacios como Telegram se convirtieron en refugios para estos grupos, y todo apunta a que WhatsApp es el nuevo objetivo, y por razones claras: tiene más usuarios que el resto, ya ha copiado, prácticamente, todas las opciones de privacidad y acceso que te daban sus competidores y encima ofrece más datos que el resto a quien quiera robarlos.

    WhatsApp ha ido adoptando las diferentes ventajas que diferenciaban a sus competidores. (Foto: Reuters)

    Con el objetivo de evitar que estas ‘apps’ se llevasen a parte de sus más de mil millones de usuarios, WhatsApp cogió, sin tapujos, muchas de las ventajas de sus contrincantes y las adaptó a sus sistemas. En 2016 añadió el enlace directo para entrar en los grupos y el cifrado de extremo a extremo, y en 2017 incluyó la opción de mandar archivos de hasta 100 MB (128 en el caso de iOS) a través de esta ‘app’. Es cierto que aún quedan especificaciones, como la de los canales de Telegram, o la posibilidad de registrarte solo con un ‘nick’, que WhatsApp se resiste a engullir, pero todo lo instalado ya permite la aparición de estos grupos ‘oscuros’ en sus servidores.

    Es cierto que si uno consulta muchos de los chats que aparecen en webs y aplicaciones aglutinadoras verá que están cerrados, por lo que queda claro que sí se está realizando distintos trabajos para acabar con estas prácticas, pero la puerta a los piratas sigue abierta. Una investigación de dos firmas de ciberseguridad israelíes encontró en noviembre del año pasado numerosos grupos que compartían pornografía infantil, y justamente en España se llevó a cabo este verano la mayor operación contra esta práctica de las realizadas en todo el mundo. La Operación Tantalio terminó con la detención de hasta 38 personas de 15 países diferentes y la identificación de 136 sospechosos.

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